Dino Campana: el poeta maldito italiano

 

 

Dino Campana, uno de los poetas más importantes del novecento italiano, ha sido considerado el único poeta maldito italiano debido a la sombra trágica que cubrió su vida bajo el sino de la locura. En medio de su vagabundeo, en su constante errar entre prisiones, sanatorios, países y oficios diversos, Dino escribe y reescribe su único libro, los célebres Cantos órficos, obra destinada a señalar nuevos caminos para la lírica italiana. En este trabajo nos proponemos una aproximación al trágico periplo que hubieron de recorrer el autor y su obra.

A mediados de 1914, mientras Europa se lanza a una guerra de batallas relámpago y saqueos imperiales, incapaz de imaginar la hecatombe que va a desencadenarse luego, iniciando así un siglo de barbarie, un poeta italiano ronda las mesas del Paszkowski y Le Giubbe Rosse, célebres cafés florentinos a cuyas tertulias asisten los protagonistas del arte y la literatura del momento, tratando de vender su obra. El poeta juzga al posible lector y diciendo: “¡De esto, no comprenderías nada!”, arranca sin consideración alguna las páginas que, según él, su futuro lector no podrá comprender. Una persona, que en opinión del poeta, puede no ser ni lista ni tonta, tal vez tenga la suerte de recibir el volumen completo, aunque sin firma. En contrapartida, si el poeta considera simpático o inteligente a su futuro lector, éste tendrá el honor de llevarse el volumen entero con dedicatoria incluida. Se dice que al poeta futurista Marinetti, nuestro poeta sólo le entregó las tapas y el índice. Se trata del poeta Dino Campana quien recientemente había editado, de su propio bolsillo, la única de sus obras que se publicaría durante su vida, los célebres Cantos órficos. El propio Dino, impulsado por la pobreza, se dedica a la venta de ese libro que resulta ser una obra maestra de la poesía italiana del siglo XX y señalaría el camino de la lírica de su país a partir de ese momento. Ahora bien, lo que aquí nos interesa es acercarnos al desconcertante, y, en cierto sentido, trágico periplo que hubieron de recorrer el autor y su obra.

Cafe Le giubbe rosse. SailkoEl café florentino Le Giubbe Rosse en 2008. Sailko

Dino Campana nació en Marradi (Romaña, Italia) el 20 de agosto de 1885 y murió en el hospital psiquiátrico Castel Pulci (Florencia) el 1 de marzo de 1932, si a esto sumamos unos cuantos datos dispersos, tendremos los rasgos biográficos del poeta, pues, a parte de esto, es poco lo que podemos discernir de la vida del infortunado poeta; no obstante, estos pocos datos nos permiten entrever la apasionante travesía por este mundo del único poeta maldito italiano. Si nos atenemos a lo dicho por su padre, un hombre que según parece fue profundamente conservador, desde la adolescencia Dino manifestó una “impulsividad brutal y morbosa”; En 1906, cumplidos los veintiún años, el poeta italiano fue recluido por primera vez en un sanatorio; a los treinta, el italiano ya conocía una inmensa variedad de prisiones y sanatorios y su afán de trotamundos lo ha llevado por distintos lugares de Europa y América. El propio Dino nos narra su experiencia alrededor del mundo en unas declaraciones recogidas el ocho de noviembre de 1926 por el doctor Carlo Pariani en Castel Pulci:

“[…] Estaba impulsado a una especie de manía de vagabundeo. Una especie de inestabilidad me impulsaba a cambiar continuamente… Yo debía estudiar letras. Si estudiaba letras podía vivir. No entendía la química, entonces me abandoné a la nada… Estuve algunos meses en prisión. Dos o tres meses en Suiza, en Basilea; por escándalo. Había peleado con un suizo: unas contusiones. No fui condenado. Tenía un pariente, me recomendó. En Italia, arrestado, y luego un mes de prisión en Parma hacia 1902-1903. He estado en el manicomio de Imola, del profesor Brugia: estuve allí cuatro meses. En Bélgica, después de Imola, en el manicomio de Tournay otros cuatro meses… Desempeñé algunos oficios. Por ejemplo: templar el hierro; templaba una hoz, un hacha. Se vivía. Toqué el triángulo en la Marina Argentina. He sido portero en un círculo de Buenos Aires. Desempeñé tantos oficios […] En la Argentina había olvidado hasta la aritmética. Si no, me habría empleado como contable… Hice de carbonero en los barcos mercantes, de fogonero. Hice de policía en la Argentina, es decir, de bombero […] Estuve en Odesa. Vendía estrellas fugaces en las ferias […] Conocía bien varias lenguas… Había venido a Italia desde Suiza para no desertar. En Italia vieron que había estado en un manicomio y no me llamaron a servicio. De modo, pues, que me quedé paseando…”

Villa Castel Pulci (Scandicci) (2010). Vignaccia76Villa Castel Pulci, 2010 (Scandicci). Vignaccia76

Ahora bien, una vez caracterizado el poeta, veamos ahora qué es lo que hace de Dino Campana un poeta maldito, pues el esbozo biográfico que hemos visto hasta el momento no basta para caracterizarlo como tal. Pero antes, se hace necesario aproximarnos a esa figura que como una sombra trágica traspasó, en mayor o menor medida, toda la cultura del siglo XX, ese fantasma que occidente ha identificado con el nombre de “Poeta Maldito”.

En principio, la expresión “Poetas Malditos” fue el nombre dado a un grupo de poetas simbolistas que reflejaron en su obra el concepto del mal como algo inherente a la naturaleza del ser humano. Más adelante, esta expresión, al igual que el término “Malditismo”, se generalizó haciéndose extensiva a cualquier poeta, y en general cualquier artista, que, marcado por un sino trágico, resulta un incomprendido entre sus contemporáneos y frecuentemente lleva una vida bohemia, al tiempo que rechaza tanto las reglas del arte como los convencionalismos sociales. La expresión “Poetas malditos”, tiene su origen en el libro del mismo título escrito por Paul Verlaine y publicado por primera vez en 1884, y luego en su versión definitiva en 1888; dicha obra constituye una suerte de homenaje a Arthur Rimbaud y en él se honra a seis poetas contemporaneos: TristanCorbiere, StéphaneMallarmé, Marceline Desbordes Valmore, Auguste Villiers de L’Isle-Adam y PauvreLelian.

Les poetes maudits (edition, 1888)Portada de la edición de 1888 de Los poetas malditos de Paul Verlaine

Por su parte, Gilles Deleuze y Michel Foucault, en su introducción a la traducción francesa de las obras completas de Nietzsche (Edición Colli-Montinari), describen al autor maldito de la siguiente manera:

“Los pensadores malditos se reconocen externamente por tres rasgos: una obra brutalmente interrumpida, unos parientes abusivos que pesan sobre la publicación póstuma de sus escritos, un libro misterio; algo así como “el libro” del que no se acaban de presentir todos sus secretos”.

A lo anterior muchos añaden, como característica principal, su total desmesura, tal como advierte Miguel Morey:

Para muchos lo que les singulariza es simplemente su falta de mesura: un gusto morboso por detenerse en los aspectos más enfermizos de nuestra experiencia de la realidad, acompañado de un desmedido sentido de la aventura y el riesgo puesto al servicio del pensamiento.[1]

Y por último, una voluntad de convertirse a sí mismos en sujetos de experimentación, un valor reflejado en escritos de carácter proféticos:

“Por decirlo con palabras de Nietzsche, los intempestivos, aquellos que actúan contra su propio tiempo, a favor de un tiempo por venir, aquellos que inventan un mundo y crean nuevos valores…” (Cfr. Miguel Morey, en Historia de la literatura, T. II, pág. 38).

Ahora bien, volvamos a Dino Campana y a ese “libro misterio” que en su momento sería titulado “Il piú lungo giorno” (“El día más largo”), pero que sería conocido más tarde como los célebres “Canti orfici” (“Cantos órficos”). En medio de sus vagabundeos, en su constante errar entre prisiones, sanatorios, países y oficios diversos, Dino escribe y reescribe su único libro que da por terminado en 1913. Para 1914 nuestro poeta se decide a cubrir la distancia que separa Marradi de Florencia, unos sesenta kilómetros, usando como medio de transporte sus propias piernas, con el único objetivo de encontrar un editor para su obra. Su propósito es hacer entrega del manuscrito al pintor futurista Ardengo Soffici y al célebre escritor y editor Giovanni Papini, directores de la prestigiosa revista Lacerbauna de las más influyentes del momento. Al encontrarse con Papini, por entonces editor de La Voce, Campana le entrega el manuscrito titulado “Il piú lungo giorno” (“El día más largo”), con la ingenua esperanza de la publicación o, por lo menos, recomendaciones, referencias de otros editores. Pasan los días, Dino espera semanas completas sin escuchar más que un incomprensible silencio, y, al final, al enterarse de que Papini abandonaba su trabajo editorial, nuestro poeta le escribe suplicándole que lo atienda. Nada, sólo silencio, la carta nunca recibe respuesta. Desconcertado, Dino acude a Soffici exigiendo que le devuelva el manuscrito y explicando que esa es la única copia que existe de sus escritos; Soffici se digna responder, pero su respuesta resulta demoledora para la frágil estabilidad mental del poeta: el manuscrito se ha extraviado en una mudanza y no aparecerá hasta 57 años después cuando, en 1971, la viuda de Soffici lo encuentra entre los papeles de su marido. Desmoronado, devastado, al borde de un colapso, nuestro poeta se empeña frenética y febrilmente en reescribir su obra de memoria, posiblemente con ayuda de algunas notas que conserva, y, finalmente, edita por su cuenta sus poemas en la imprenta local de Marradi, ahora con el título de “Canti orfici” (“Cantos órficos”). Cabe anotar que, cuando eventualmente la viuda de Sofficci encontró el manuscrito de El día más largo, sorprendió la fidelidad con que losCantos órficos se aproximaron a su primera versión. Una vez editada su obra, Campana, aguijoneado por el hambre, se resigna a vender su libro aunque no está dispuesto a venderlo a cualquiera, y, en consecuencia, se desarrolla la escena descrita al inicio de estas líneas, escena que Soffici pinta con estas palabras:

“Un individuo simpático y considerado inteligente quizás podía obtener los Cantos con el autógrafo del poeta; un simple burgués recibía solo el libro o peor, sin la primera página ni la cubierta; si luego se trataba de un tipo ordinario claramente ajeno a las artes, Campana no se lo daba sin antes quitarle delante de él las páginas que consideraba demasiado elevadas […] A algunos estúpidos presuntuosos que se las daban de escritores llegó a no entregar más que la cubierta y pocas páginas que él consideraba poco logradas[2]“.

Giovanni Papini en 1913. Nunes-VaisEl escritor Giovanni Papini en 1913. Nunes-Vais

Ello contribuye a que su obra sólo encuentre algún eco en el restringido círculo de sus amigos más inmediatos; no obstante, catorce años después, la reedición de los Cantos órficos en 1928 le trae la fama y el reconocimiento de sus contemporáneos, pero para entonces, Dino Campana ha estado internado por diez años en el Hospital Psiquiátrico de Castel Pulci del que ya nunca saldrá. El primero de marzo de 1932, Dino falleció en Castel Pulci debido a una septicemia, posiblemente consecuencia de una infección contraída al saltar la alambrada que rodeaba el sanatorio en un intento por escapar. A su muerte es enterrado en la iglesia de Badia a Settimo, iglesia que durante la segunda guerra mundial fue bombardeada por los nazis.

Ahora bien, en la poesía de Campana no es posible adivinar un único estilo, la suya es una poesía de múltiples voces que encierra paradojas, contradicciones, elementos antagónicos que se funden y confluyen en una voz personalísima que toma símbolos y temas antiguos para proyectar y expresar la angustia y el dolor del ser humano contemporáneo; pero no se trata de un paisaje plagado de nubarrones grises, Campana canta y se derrama en himnos ofreciendo el espectáculo de una poesía pura, a veces demasiado ruda, descuidada en apariencia, versos que remiten al instante primigenio de la creación poética. Sobre este poeta, que se resiste a ser encasillado en convenciones literarias, Curzio Malaparte advierte:

En su locura de poeta emergieron visiones nocturnas, de un día que se precipita rápidamente en la melancolía de la noche, en el temblor nocturno, en la oscuridad del espíritu […] La pureza deriva de Campana de una infantil, fallida mediación con la realidad que lo circunda. El solo instrumento es la palabra, incomprendida, rechazada, escondida (el manuscrito perdido, sus versos recompuestos en un desván en 1931) que quedó incontaminada precisamente porque no fue usada, no fue explotada. Perla de una ostra que el hado ha vuelto aislada, encerrada. La poesía no tolera reclusiones, el canto es liberación de los afanes, es deseo, es sueño, recuerdo, futuro que fluye y ahoga la palabra constreñida al silencio de Dino Campana, se desprende y se alza como grito, como hoja, como luna eléctrica, como pura energía poética.[3]

Por otra parte, cabe señalar que la poesía de Dino Campana no se reduce al verso, de hecho, los Cantos órficos abren la puerta de entrada a su poético mundo con un largo poema en prosa tituladoLa notte; esta prosa poética no pasa desapercibida a Curzio Malaparte quien anota:

“La prosa de Campana es pura poesía, pura y disonante como bronce de campana, como el vacío de la noche, agujero negro que chupa su espíritu tan necesitado de ser reconocido, como enfermo, como persona, como poeta.”

Tumba de Dino CampanaTumba de Dino Campana en Badia a Settimo. Sailko

También cabe anotar que el título del poemario no es fortuito, por el contrario, indica claramente la posición del poeta respecto de la tradición lírica italiana. De un lado, la palabra “Cantos” hace referencia a una larga tradición en la lírica italiana; recordemos que, en principio, el canto hacía referencia a un tipo de composición lírica que tenía por fin ser cantada, no obstante, en la tradición italiana el canto hace referencia a las partes de una composición poética de considerable extensión; para ilustrar este punto recuérdese el ejemplo por antonomasia en la poesía italiana: laDivina Commedia, un extenso poema subdividido en 100 cantos; en el caso del poeta que nos ocupa, la palabra “cantos” alude más bien a una deuda con el poeta Giacomo Leopardi en cuyos cantos, cada composición puede entenderse como parte de un conjunto único, pero no pueden definirse como subdivisiones de un extenso poema[4]. La segunda palabra del título “Órficos”, alude a una ruptura, un rechazo de las tendencias poéticas que circulaban en la Italia de Dino; El título también remite a los misterios órficos de la antigua Grecia, al arcano silencio cuyos secretos sólo se descubren al iniciado; de este modo, Campana dota a su poética de un simbolismo que cubre sus palabras bajo un velo de misterio que sólo pueden penetrar unos cuantos elegidos, lo que nos trae la imagen del poeta arrancando páginas de su libro antes de entregarlo al futuro lector. Por último, nada mejor que invitar al lector a que penetre él mismo en el mundo de los Cantos órficos[5]y trate por sí mismo de desvelar los secretos que encierra en su obra, el único poeta maldito italiano; con este fin, transcribimos a continuación tres poemas de Dino Campana en su lengua original, acompañados de su versión española en la traducción del filólogo argentino Carlos Vitale:

IL CANTO DELLA TENEBRA EL CANTO DE LAS TINIEBLAS
 La luce del crepuscolo si attenua:
Inquieti spiriti sia dolce la tenebra
Al cuore che non ama più!
Sorgenti sorgenti abbiam da ascoltare,
Sorgenti, sorgenti che sanno
Sorgenti che sanno che spiriti stanno
Che spiriti stanno a ascoltare…
Ascolta: la luce del crepuscolo attenua
Ed agli inquieti spiriti è dolce la tenebra:
Ascolta: ti ha vinto la Sorte:
Ma per i cuori leggeri un’altra vita è alle porte:
Non c’è di dolcezza che possa uguagliare la Morte
Più Più Più
Intendi chi ancora ti culla:
Intendi la dolce fanciulla
Che dice all’orecchio: Più Più
Ed ecco si leva e scompare
Il vento: ecco torna dal mare
Ed ecco sentiamo ansimare
Il cuore che ci amò di più!
Guardiamo: di già il paesaggio
Degli alberi e l’acque è notturno
Il fiume va via taciturno…
Pùm! mamma quell’omo lassù!
Luz del crepúsculo se atenúa:
Inquietos espíritus ¡sean dulces las tinieblas
Para el corazón que ya no ama!
Manantiales, manantiales hemos de escuchar,
Manantiales, manantiales que saben
Manantiales que saben que los espíritus están
Que los espíritus están escuchando…
Escucha: la luz del crepúsculo se atenúa
Y para los inquietos espíritus son dulces las tinieblas:
Escucha: te ha vencido la Fortuna:
Mas para los corazones ligeros otra vida está a las puertas:
No hay dulzura que pueda igualar a la Muerte
Ya ya ya
Oye a quién aún te acuna:
Oye a la dulce muchacha
Que dice al oído: ya ya
Y de golpe se eleva y desaparece
El viento: ¡vuelve al mar
Y oímos jadear
Al corazón que más nos amó!
Miramos: el paisaje
De los árboles y las aguas ya es nocturno
El río se va taciturno…
¡Pum! ¡mamá, ese hombre allá arriba!
LA CHIMERA LA QUIMERA

Non so se tra roccie il tuo pallido
Viso m’apparve, o sorriso
Di lontananze ignote
Fosti, la china eburnea
Fronte fulgente o giovine
Suora de la Gioconda:
O delle primavere
Spente, per i tuoi mitici pallori
O Regina o Regina adolescente:
Ma per il tuo ignoto poema
Di voluttà e di dolore
Musica fanciulla esangue,
Segnato di linea di sangue
Nel cerchio delle labbra sinuose,
Regina de la Melodia:
Ma per il vergine capo
Reclino, io poeta notturno
Vegliai le stelle vivide nei pelaghi del cielo,
Io per il tuo dolce mistero
Io per il tuo divenir taciturno.
Non so se la fiamma pallida
Fu dei capelli il vivente
Segno del suo pallore,
Non so se fu un dolce vapore,
Dolce sul mio dolore,
Sorriso di un volto notturno:
Guardo le bianche rocce le mute fonti dei venti
E l’immobilità dei firmamenti
E i gonfii rivi che vanno piangenti
E l’ombre del lavoro umano curve là sui poggi algenti
E ancora per teneri cieli lontane chiare ombre correnti
E ancora ti chiamo ti chiamo Chimera.
No sé si entre rocas tu pálido
Rostro se me apareció, o sonrisa
De lejanías ignoradas
Fuiste, inclinada la ebúrnea
Frente fulgente, oh joven
Hermana de la Gioconda:
Oh de las primaveras
Apagadas por tus míticas palideces
Oh Reina, oh Reina adolescente:
Mas por tu ignoto poema
De voluptuosidad y dolor
Música muchacha exangüe,
Marcado con una línea de sangre
En el círculo de los labios sinuosos,
Reina de la melodía:
Mas por la virgen cabeza
Reclinada, yo, poeta nocturno
Velé las vívidas estrellas en los piélagos del cielo,
Yo por tu dulce misterio
Yo por tu devenir taciturno.
No sé si la pálida llama
De los cabellos fue el vivo
Signo de su palidez,
No sé si fue un dulce vapor,
Dulce sobre mi dolor,
Sonrisa de un rostro nocturno:
Miro las blancas rocas, los mudos manantiales de los vientos
Y la inmovilidad de los firmamentos
Y los henchidos arroyos que van llorando
Y las sombras del trabajo humano encorvadas allá en las gélidas colinas
Y aún por tiernos cielos lejanas y claras sombras fluyentes
Y aún te llamo, te llamo Quimera.
FURIBONDO FURIBUNDO
Abbracciata io l’aveva.
Mentre affannoso delle cieche ebbrezze
Sul limitare cieco brancolavo
E accelerati colpi replicavo
Sopra la porta di eterne dolcezze:
All’improvviso sopra la mia schiena
S’alzò e ricadde martellando sordo
E ritmico il suo piede. Fu il ricordo
Dell’attimo fuggente, nella piena
Fantastica l’appello della morte.
Ardendo disperatamente allora
Raddoppiai le mie forze a quell’appello
Fatidico e ansimando la dimora
Varcai del nulla e dell’ebbrezza, fiero
Penetrai, nel fervor alta la fronte
Impugnando la gola della donna
Vittorioso nel mistico maniero
Nella mia patria antica nel gran nulla.
Yo la había abrazado.
Mientras afanoso por las ciegas ebriedades
En el umbral ciego iba a tientas
Y rápidos golpes repetía
Sobre la puerta de los eternos deleites:
De pronto, sobre mi espalda
Se alzó y volvió a caer martilleando sordo
Y rítmico su pie. Fue el recuerdo
Del instante fugaz, en la plenitud
Fantástica el llamado de la muerte.
Ardiendo desesperadamente entonces
Redoblé mis fuerzas ante aquel llamado
Fatídico y jadeando traspasé
La morada de la nada y de la ebriedad, altivo
Penetré, con fervor, alta la frente
Empuñando la garganta de la mujer
Victorioso en la mística fortaleza
En mi patria antigua, en la gran nada.

 

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: «Dino Campana. El Poeta Maldito Italiano».Publicado el 15 de septiembre de 2015 en Mito | Revista Cultural, nº.25 – URL:http://revistamito.com/dino-campana-el-poeta-maldito-italiano/

 

Para saber más…

  • Dino Campana (1999), Cantos órficos y otros poemas, traducción de Carlos Vitale (Barcelona: DVD poesía).
  • Giugliano Marcello (2008) La traducción de los recursos fónicos en “La Notte” de Dino Campana. Análisis y comparación de traducciones al catalán, castellano e inglés (Tesis doctoral), Programa de Doctorado en Comunicación Multilingüe: Estudios de Traducción, Lingüística i Literatura, Universitat Pompeu Fabra. Disponible en linea.
  • Iscar Fernando (1997), Génova, de Dino Campana, Nueva Revista de Politica, Cultura y Arte, Número 054, Diciembre de 1997, Universidad Internacional de la Rioja.
  • Malaparte Curzio (2002), Acerca de Dino Campana, Artículo aparecido en Milán el 7 de mayo de 2002, Traduccion de Wilfredo Carrizales. Disponible en linea.
  • Morey Morey (1984), en Historia universal de la literatura, T. II, Editorial Oveja Negra, Bogotá.

[1] Morey Morey (1984), en Historia universal de la literatura, T. II, pág. 38, Editorial Oveja Negra, Bogotá.

[2] Soffici Ardengo, citado por Iscar Fernando (1997), en: Génova, de Dino Campana, Nueva Revista de Politica, Cultura y Arte, Número 054, Diciembre de 1997, Universidad Internacional de la Rioja.

[3] Artículo de Curzio Malaparte (1898-1957) Acerca de Dino Campana Aparecido en Milán el 7 de mayo de 2002, Traduccion de Wilfredo Carrizales. Disponible en linea.

[4] Cfr. Giugliano Marcello (2008) La traducción de los recursos fónicos en “La Notte” de Dino Campana. Análisis y comparación de traducciones al catalán, castellano e inglés (Tesis doctoral), Programa de Doctorado en Comunicación Multilingüe: Estudios de Traducción, Lingüística i Literatura, Universitat Pompeu Fabra. Disponible en linea.

[5] Entre las traducciones al español se destacan : Cantos Órficos, a cargo de Juan Carlos Gentile Vitale (Olifante, Zaragoza, 1984); tambien de Vitale:(1999), Cantos órficos y otros poemas, traducción de Carlos Vitale (Barcelona: DVD poesía). Por último, la de Pedro Luis Ladrón de Guevara (Universidad de Murcia, Murcia, 1991)

 

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