Ivonne Gordon, soñar con semillas escritas por la luna

 

Soñar con semillas escritas por la luna

…Espaldas desnudas de geografía y rutinas

…Sueños que se desarropan de todo follaje

 

Ivonne Godon Carrera Andrade, Meditar de Sirenas, Simon Editor, Suecia, 2013

 

Meditar de sirenas: una evocación de lenguaje y sensaciones que nos habitan ‘desde antes del alfabeto’

Por Pilar Melero, Ph.D.

Universidad de Wisconsin-Whitewater

 

 

Me he permitido el paso a esta reseña del libro Meditar de sirenas, de la escritora ecuatoriana Ivonne Gordon Carrera Andrade, con palabras que se nos escapan de las páginas del poemario para posarse leves en el pensar de quien las bebe, pues es difícil resistirse al lenguaje evocador de mitos de la poeta.

Si bien el título del poemario nos remota a la Ilíada homérica con sus sirenas, y aún cuando el poemario en sí juega con la imagen de Penélope tejiendo espacios en el discurso marino de un Ulises que todos conocemos, es la delicia del lenguaje, la novedad de la imagen, y la innovación del mito la que nos acerca a nuestras sirenas. Empecemos por el título. El embrujo de las sirenas de Gordon Carrera Andrade viene no de cantos marciales, sino del meditar sereno con el que la poeta viste el lenguaje de su poemario. Con ello, y quizá sin proponérselo, la poeta reclama el espacio del pensar para ese ser mitológico a quien tradicionalmente se le ha considerado cuerpo.

El pensar le viene en imágenes nuevas a nuestras sirenas, “[e]n el caracol del tiempo [donde]las vocales siguen en alerta” (11) suspirando “sonidos de vidrio” (11), y donde “[e]l olor vive como ráfagas de nada” (12).

“[C]on un lápiz gigante dibujaré tu espacio para llenarlo de mi cuerpo que busca la luna entre los huesos” (13) escribe Gordon Carrera Andrade, mientras se nos dibuja columpiándose en la luna (17), con palabras que se nos revelan  llanas en “la voz antigua de sal” (18). Es un poemario en el que “[e]l azar cuelga de un clavo en la puerta…hasta cubrir un puñado tricolor de la luna” (21-23).

Ahora bien, en este juego de sirenas desmitificadas, ¿dónde queda Penélope? La Penélope de Gordon Carrera Andrade más que tejer para destejer y esperar, cose, y cose para sí, por determinación propia.  “Voy a coser con el hilo del viento”, sentencia,” (27), pero antes se ha creado una identidad muy suya con la que juega a ser. “Me convertí en sirena,” anuncia (23), “Con un hilo cosí mi cuerpo.”

Así, nuestra sirena confecciona  “madrugadas y atardeceres sobre el lienzo plateado del sereno” (27) y nos regala campanas  que “dicen algo deshabitado” (38, ¿quién sabe si el deshabitar no sea habitar de nuevo, ergo, cantar y contar la meditación de las sirenas?)

Gordon Carreara Andrade, en sublime pensar de sirenas, nos transporta a universos donde  “Los presagios suenan a pasos de hojas sin destino… y la voluptuosidad taconea la timidez de la luna” (40). A un mundo habitado por “gemidos de la luna en la mirada,” y donde la voz poética se da el lujo, muy a lo Elena Garro en La semana de colores, de jugar con el espacio temporal al permitirse “guardar en la orilla del cielo, este día” (43).

Hay ecos que nos llevan a la argentina Ana María Shua en la fuerza parca del relato poemado o poema relatado; y aún se da el lujo, nuestra poeta, de adentrarse en la obscuridad de la gramática, con la voluptuosidad con la que arremetiera la mexicana Coral Bracho con lenguaje científico en El ser que va a morir. “Dónde va el acento en el marco del deseo,” pregunta la voz poética de Gordon Carreara Andrade. “[D]ónde poner la tilde en cuerpos que se reconocen desde antes del alfabeto” (47).

Ésta es la poesía de Meditar de sirenas, una evocación elocuente y voluptuosa de lo que se puede hacer con el mito, con el lenguaje, y con sensaciones que nos habitan, “desde antes del alfabeto.”

 

-Pilar Melero

 

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A continuación, dos poemas del libro “Meditar de Sirenas”:

 

 

Sin aletas

Como sirena sin aletas,

buceé en cada arcropora de tu piel

el sentido del abecedario.

Descubrí que mi canto en las altas mareas

atrae a los pescadores del amor.

Aprendí entre las mareas de equinoccio

a conjugar el verbo transitivo de marea alta,

y en la concavidad de tu pecho,

pude evolucionar sin peligro.

El instinto me guió a quedarme

en la oquedad de tus brazos.

Fue allí donde nació el lenguaje

milenario. Se conjuga cada letra

en canciones de lunas tiernas.

La letra de ese canto la entono sin cesar

en el doremí de tu fasol.

Como sirena sin aletas, de lenguajes

otromundanos, te declaro bucear

eternamente el abecedario de la piel.

 

 

Un armario

No pido mucho, no pido nada. Solamente

un armario de caoba tallado por sirenas milenarias.

No pido mucho, no pido nada. Solamente una llave de cobre

que quepa en la cerradura del sueño desnudo. No pido

mucho, no pido nada. Solamente guardar los sueños

en un cajón del armario nocturno, perder en el fondo, la sal

de lo visible, y arrinconar en cada esquina del armario

centellas frescas de la aurora.

No pido mucho no pido nada. Solamente abrir los ojos

y recibir un guiño del otro lado. Inventar en el alba

la profecía de las sirenas, y recorrer el armario con mis ojos

de corrientes hipnotizadas. Solamente pido

un hilo transparente y coser a toda velocidad

la gasa invisible del rostro inquieto.

 

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